[Sgo-Gral] El desafío Ubuntu

Walter Omar Autalán woautalan-lc en ucssi.com.ar
Sab Jul 30 08:59:50 ART 2005


Artículo original en
http://mouse.tercera.cl/2005/productos/07/29/index.asp


El desafío Ubuntu

El desafío Ubuntu "Linux para seres humanos". Con este eslógan, Ubuntu 
intenta romper el mito de que este sistema operativo es sólo para 
especialistas en computación. Dice ser poderoso, sencillo, estable y 
-por sobre todo- gratuito, pero... ¿será capaz de pasar la prueba de 
fuego? ¡Sí!, lo enfrentamos a las tareas diarias de un usuario de 
Windows, y esto es lo que sucedió...

  Por Christian Leal
29 de julio de 2005

Secciones
* ¿Alternativa a Windows?
* Consiguiendo Ubuntu
* Instalación en vivo
* ¡Que comiencen los juegos!
* Poder incorporado
* Extras y valoración final

¿Cuántos ingenieros de soporte técnico de Microsoft se necesitan para 
cambiar una ampolleta?

Cuatro:
Uno que pregunta: "¿Cuál es el número de registro de su ampolleta?"
Otro que pregunta: "¿Ha intentado reseteándola?"
Otro que pregunta: "¿Ha intentado reinstalándola?"
Y un último que dice: "Debe ser su hardware, porque la ampolleta de 
nuestra oficina funciona muy bien"...

Bromas como ésta abundan en los foros de discusión sobre Linux, donde se 
asegura que este sistema operativo es la mejor opción para acabar con 
errores indescifrables, virus, espías, pantallas azules y otros colapsos 
que han hecho tristemente célebre al mundo Windows.

Sin embargo la realidad es muy distinta. Aún considerando su poder y 
estabilidad, Linux sigue siendo un sistema complejo, cuya críptica 
documentación hace sudar frío a los usuarios comunes a la hora de 
instalar un programa o algunos dispositivos de hardware. Con mil 
aplicaciones misteriosas incluidas por distribución y cientos de 
comandos a aprender en la consola – una especie de antiguo DOS – el 
sistema del pingüino no es una alternativa viable para el común de los 
mortales.

¿O sí?...

Desde hace algún tiempo, la Web ha comenzado a hacer eco de una nueva 
versión de Linux cuyo énfasis está puesto en la facilidad de uso. Se 
trata de Ubuntu, un software que promete revolucionar las computadoras 
de escritorio, tal como sus hermanos más grandes han comenzado a abarcar 
los servidores.

Pero, ¿es suficiente como para amenazar la predominancia de Microsoft? 
Precisamente, quisimos probar si un usuario de Windows podría realizar 
una serie de tareas básicas -pero productivas- en Ubuntu, sin necesidad 
de cursar un magister en informática. Para ello necesitábamos a un 
usuario veterano de Windows, sin conocimientos de programación, adicto a 
las interfaces con botoncitos e intolerante en extremo con los 
procedimientos que requieren más de una página de instrucciones.

Desde luego, encontramos al conejillo de indias perfecto... Yo.


Consiguiendo Ubuntu

Antes de comenzar esta aventura, si eres un linuxero acérrimo con 
amplios conocimientos al respecto y que ya estás irritado porque comparé 
a la consola (sagrada) con DOS (blasfemo), por favor desiste de 
enviarnos correos. Este artículo es para nuestros usuarios básicos de 
Windows, a quienes Linux siempre ha sonado como una experiencia 
inalcanzable. Habrá simplificaciones, omisiones e incluso cierta 
flexibilización en el uso de conceptos en pos de una mejor comprensión.

Si esto no te quita el sueño, bienvenido a bordo.

Okey, entonces, ¿de dónde salió este Ubuntu? Se trata de una versión de 
Linux (distribución, para los entendidos) patrocinada por Mark 
Shuttleworth, un empresario sudafricano que amasó una fortuna 
considerable en el tiempo de las .com. Su dinero no sólo le sirvió para 
convertirse en el primer turista espacial en 2002, sino también para 
fundar la compañía Canonical, cuyo respaldo fue fundamental para 
desarrollar Ubuntu.

Su nombre pertenece al idioma Zulu, y significa – de forma aproximada – 
"la humanidad para otros", como símbolo del conocimiento y oportunidades 
que se pretende compartir con todo el orbe. En la actualidad, Ubuntu 
está a cargo de una Fundación sin fines de lucro con el mismo nombre, 
mientras Canonical se dedica a obtener recursos por desarrollo, 
consultoría y soporte técnico a empresas que utilicen el sistema. Porque 
claro, algo había que obtener a cambio.

Y eso es bueno, pues gracias a Shuttleworth, Ubuntu está disponible 
gratuitamente para usuarios de plataformas x86 (la mayoría de los PC), 
AMD64 (lo mismo, pero en 64 bits) y PowerPC (Macintosh). Es más, si 
descargar sus 600 MB de peso no te parece aceptable, puedes ordenar por 
correo uno o más CD de instalación en forma gratuita... ¡incluyendo los 
gastos de envío!

Pero vamos a lo nuestro. Para evaluar objetivamente a Ubuntu, decidí 
realizar una serie de tareas básicas que un usuario de Windows puede 
llevar a cabo sin problemas y sin instalar software adicional. Dentro de 
ellas destaqué:

     * Escribir un documento.
     * Ver un archivo PDF (Acrobat).
     * Hacer un dibujito.
     * Ver una imagen JPG.
     * Escuchar un tema en MP3.
     * Ver un video MPEG.
     * Navegar por sitios Web.
     * Revisar y enviar correo electrónico.
     * Chatear por Messenger.
     * Acceder a una memoria portátil USB (alias, pendrive).
     * Jugar un juego.

Por cada acción que pudiera realizar con igual o menor complejidad que 
en Windows, Ubuntu sumaría puntos. Por cada acción que me significara un 
esfuerzo adicional, los perdería; y por cada evento que incidiera en mi 
úlcera, definitivamente subiríamos la escala. Eso sí, también estaba 
dispuesto a conceder bonos adicionales si el sistema me sorprendía con 
algo inesperado.

Así las cosas – y aunque el programa dice poder funcionar sobre un PC 
dotado con apenas 32 MB de memoria RAM y 350 MB de disco duro – decidí 
hacer caso a un amigo experimentado y probarlo en una máquina más 
poderosa. ¿El elegido? Un Pentium 4 de 1500 Mhz con 320 MB de RAM.


Instalación en vivo

Ya sea que descargues el sistema u ordenes los discos ya grabados, 
tienes dos posibilidades de usar Ubuntu: instalarlo en tu disco duro -lo 
que no debería tomar más de 25 minutos y te permite conservar tus 
archivos o arrasar con todo- o usar un "Live CD": un disco que carga el 
sistema directo en la memoria RAM sin afectar tus documentos. Dado que 
era la forma más sencilla de comenzar -y probablemente la que eligirían 
ustedes para minimizar riesgos- puse ese CD en la unidad de disco y 
reinicié el PC.

Tras las presentaciones de rigor, Ubuntu me mostró tres cuadros de 
diálogo preguntando por el idioma, país y configuración de teclado que 
deseaba establecer. No eran bonitos, pero sí bastante claros y a partir 
de allí todo el proceso continuó en español. La configuración de mi 
equipo tomó cerca de dos minutos y medio, reconociendo todo el hardware 
presente, incluyendo ratón, monitor, tarjeta de sonido y de red sin que 
yo pulsara absolutamente nada.

Una vez enfrentado al escritorio de Ubuntu dos cosas llamaron mi 
atención. La primera, es que la resolución de pantalla elegida era la 
más alta para el monitor de 17 pulgadas que estaba usando, lo que me 
proporcionó un escritorio minúsculo de 1240 x 1024. Afortunadamente, 
cambiarlo era cosa de pulsar sobre el menú Sistema > Preferencias > 
Resolución de Pantalla.

Lo segundo fue que el reloj del computador se adelantó en cuatro horas. 
Según mis asesores, los sistemas Unix -sobre el que se basa Linux- toman 
la hora del PC como GMT por defecto, realizando de ahí el cálculo de 
zonas horarias al instalarse. Para restablecerlo bastó un intuitivo 
doble clic, así que tampoco resultó un drama.

Ahora, no los aburriré con una descripción pormenorizada del escritorio. 
Sólo diré que estéticamente es agradable, y que los menús de programas 
se encuentran arriba (como en Mac) mientras que la barra de tareas 
permanece en el extremo inferior de la pantalla. El área de trabajo 
carece de íconos, salvo los que simbolizan a las unidades en uso; en 
este caso, el CD-ROM.

Pero un punto a favor que no puedo dejar de destacar es que los menús, 
en vez de llevar los nombres propios de cada aplicación como en otras 
distribuciones de Linux que he visto, llevan títulos genéricos. Es así 
como tenemos un "editor de textos", "calculadora", "visor de imágenes" o 
"gestor de archivos", haciendo muy intuitivo el primer uso del sistema.

En la barra superior, al lado de tres menús desplegables rotulados como 
"aplicaciones", "lugares" y "sistema" figuran tres pequeños botones. Uno 
abre Firefox, el navegador por defecto de Ubuntu; el segundo lanza 
Evolution, una suite de productividad que para nuestros efectos sirve 
como cliente de correo electrónico. El tercero invoca la ayuda pero por 
desgracia, hasta la versión 5.04 que probé, ésta no había sido traducida 
totalmente del inglés.


¡Que comiencen los juegos!

Pensando en un procesador básico de texto como WordPad, me dirigí al 
menú Aplicaciones > Accesorios para encontrar el Editor de Textos. Al 
igual que la aplicación de Windows resultaba ser nada más y nada menos 
que lo prometido en su nombre, pero Ubuntu guardaba una sorpresa.

La distribución incluye por defecto OpenOffice, un completo paquete 
ofimático capaz de competir codo a codo con Microsoft Office al editar 
los formatos de Word, Excel y PowerPoint, con la ventaja adicional de 
exportar documentos directo en formato PDF. Gran punto a favor.

Entusiasmado por aquél éxito me pregunté si sería capaz de imprimir, sin 
embargo no tenía a mano los controladores de la impresora que usamos en 
el diario. Al respecto, las impresoras nuevas tendrán mejor posibilidad 
de pasar la prueba sin traumas, gracias a que cada vez más fabricantes 
están incorporando compatibilidad con Linux.

Acceder a una memoria USB portátil

No hubo problemas. Bastó con conectarla al puerto USB para que el 
sistema la reconociera de inmediato, representándola con un ícono sobre 
el escritorio. Antes de retirarla se debe pulsar el botón derecho y 
escoger "desmontar", al igual como en Windows se debe "desconectar" 
previamente para evitar la pérdida de datos.

Ver un documento en PDF

Entrar en el dispositivo USB que acababa de conectar, hacer doble clic 
sobre un PDF y verlo abierto sobre una aplicación llamada XPDF fue un 
solo movimiento. Ni siquiera tuve que preocuparme de conseguir Acrobat 
Reader.

Navegar por sitios Web

Como mencioné antes, un botón en el escritorio proporciona un acceso 
directo a Mozilla Firefox, el navegador que ha hecho noticia en los 
últimos meses debido a su popularidad. Y aquí sucedió algo maravilloso 
que ya me había tocado comprobar en Knoppix, otra distribución Linux: 
Ubuntu configuró solito las propiedades necesarias para conectarse a 
Internet, sin necesidad de instalar controladores, especificar 
direcciones IP u otras brujerías que suele exigir Windows.

Quienes tengan conexiones vía cable módem o a través de una red local 
(LAN) podrán disfrutar en pleno de esta característica. Sin embargo, 
quienes se conecten vía marcado telefónico o ADSL probablemente deban 
configurar algunos pasos extra en Sistema > Administrador > Redes.

Firefox inmediatamente llevó la Web hasta mi escritorio, visitando el 
sitio de La Tercera. Sobre él, unas piezas de rompecabezas verde me 
indicaron que no tenía instalado el plugin de Flash. Para remediarlo, 
sólo tuve que hacer clic para completar la instalación en menos de 30 
segundos. No pudo resultar mejor.

Escuchar un MP3

Tristemente, cuando quise musicalizar el idilio que Ubuntu y yo 
estábamos viviendo, el tema en MP3 que intenté abrir me devolvió a la 
fría realidad de Linux. Por un asunto de licencias el sistema no incluye 
soporte para este formato de audio, por lo que uno debe instalarlo en 
forma independiente. Sí, puede sonar tonto pero así la responsabilidad 
pertenece al usuario.

Sin orientación por parte del programa, recurrí a uno de mis asesores 
quien me derivó a Guia Ubuntu, un sitio en español bastante didáctico 
que responde a las principales preguntas sobre este sistema operativo. 
Uno de sus puntos es "¿Cómo habilitar el soporte para reproducir 
ficheros .mp3 y .mpg?"

Y aquí acabó la intuitividad. En una acción imposible de deducir para 
quien no esté familiarizado con Linux, tuve que pegar varias líneas de 
código sobre la consola -ubicada en Herramientas del Sistema > Root 
Terminal- y guardar otras sobre el editor de texto. Tras dar el último 
clic, el sistema descargó los archivos necesarios, con lo que pude 
lanzar el reproductor y escuchar la canción.

No, el proceso no me dejó con daño cerebral, pero está claro que un 
usuario con referencias exclusivas de Windows jamás podría haberlo hecho 
sin ayuda. Punto en contra para Ubuntu, aunque en sentido estricto no 
sea su culpa.

De paso, al detectar la descarga Ubuntu me ofreció obtener una serie de 
actualizaciones y aplicaciones adicionales en forma similar a Windows 
Update.

Al menos algo bueno se obtuvo.


Poder incorporado

Chatear por Messenger

A menos que no hayas vivido en el planeta tierra durante los últimos 
diez años, sobra explicar por qué no existe un MSN Messenger para Linux. 
Sin embargo, Ubuntu incluye un programa de mensajería instantánea 
llamado GAIM que no sólo nos conecta la red de Messenger, sino también a 
la de AOL, Yahoo, ICQ y otras.

No es su única ventaja. Este programa además muestra las conversaciones 
en pestañas, muestra en detalle el progreso de una transferencia de 
archivos y acusa -con sólo deslizar el puntero sobre los contactos- 
quienes nos han incluido en su lista y quienes nos han bloqueado. Su 
funcionamiento es muy similar al de MSN Messenger, por lo que no te 
sentirás extraviado.

Por cierto, si alguien quiere probar esta 'maravilla alternativa', puede 
descargarla desde su sitio oficial. Está disponible incluso para Windows.

Hacer un dibujito

A falta de Paint, Ubuntu incluye una solución mucho más completa llamada 
Gimp, que puede resultar un arma de doble filo. Ubicada en el menú 
Aplicaciones > Gráficos > Editor de imágenes, este programa es más 
parecido a Photoshop que al incorporado por defecto en Windows. Esto 
hará que los diseñadores gráficos se sientan en su salsa pero -al mismo 
tiempo- la cantidad de opciones puede resultar abrumadora para quienes 
recién se inician en el tema.

De todas formas, crear un nuevo documento y comenzar a rayarlo no 
demanda mucho trabajo.

Ver una imagen JPG

Contrario a GIMP, al hacer doble clic sobre una imagen se abrirá Eye of 
the Gnome, una sencilla aplicación para visualizarla, con opciones 
básicas respecto a tamaño y orientación. En definitiva, más de lo que 
obtenemos con Internet Explorer bajo Windows.

Ver un video MPEG

Como ya había descargado el soporte para MPEG junto con el de MP3, no 
tuve que recurrir a la consola de nuevo. Sin embargo, tuve la ocurrencia 
de intentar acceder a un video en CD, para lo cual insistí en abrir el 
reproductor del PC. Pésima idea, pues colgué el sistema. Moraleja: no 
tratar de quitar el CD cuando estás ejecutando un sistema operativo 
directamente desde ahí (si está instalado, obviamente no hay problema).

Una vez de vuelta, un amigo me transfirió por GAIM un video que pude ver 
sin complicaciones, así como otro en formato MOV, lo que me evitó 
conseguir QuickTime de Apple (gracias a Dios, pues sólo está disponible 
para Windows y Mac OS X).

Animado por la experiencia me dirigí a SmoothJazz.com para probar si era 
capaz de escuchar radios en línea, algo que según había escuchado era 
difícil de lograr en Linux. Nada más alejado de la realidad: usando dos 
reproductores de inicio automático, puede escuchar sin problemas música 
bajo demanda en formatos, MP3, OGG e incluso RealMedia, sin necesidad de 
bajar RealPlayer.

El único que falló fue Windows Media... por razones obvias.

Revisar y enviar correo electrónico

Junto al ícono de Firefox en la barra de menús, se alza otro de 
Evolution, la suite de trabajo que incluye un cliente de correo 
electrónico junto a otras aplicaciones de productividad. Apenas lanzado, 
el programa me pidió que configurara mi cuenta de e-mail, en forma muy 
similar a como haría con Outlook.

Una vez dentro, pude enviar mensajes sin contratiempos, así como recibir 
los que había pedido a mis contactos en GAIM que me enviaran.

Jugar un juego

Y si se trata de juegos, Ubuntu realmente brilla por su variedad. Un 
menú completo nos aporta gran cantidad de mini juegos, junto a los 
tradicionales títulos de cartas. Lo que es yo, la pasé genial con una 
partida de Nibbles... a pesar de que lo tengo en el celular.


Extras y valoración final

Aunque la alternativa de LiveCD nos permite probar Ubuntu sin riesgos, 
algunas aplicaciones se ejecutarán más lento por tener que leerse desde 
el disco compacto, en especial algunas grandes como OpenOffice.

Salvo aquel punto, mi experiencia general con Ubuntu fue tremendamente 
positiva. Logré hacer la mayor parte de las tareas de la lista sin 
complicaciones -con la deshonrosa excepción del MP3- mientras disfrutaba 
de algunas ventajas adicionales del sistema.

Por ejemplo, los espacios de trabajo de Linux suelen incluir una 
división en cuatro escritorios virtuales. Esto significa que con un solo 
clic, podemos ver el equivalente a cuatro "monitores" diferentes, 
permitiéndonos organizar mejor nuestra forma de trabajo.

Ubuntu también incluye algunas opciones muy accesibles, como las 
búsquedas, documentos recientes, o bloquear la pantalla, una 
configuración de seguridad que mantiene alejadas de nuestro PC las 
miradas indiscretas mientras no estamos. Eso sí, asegúrense de 
especificar antes una contraseña en Administración > Grupos de Usuarios, 
a menos que deseen reiniciar el computador "a la mala"... como tuve que 
hacer yo por segunda vez (estrictamente, por pavo).

Notable es también el asistente para sincronizar PDAs que utilizan el 
sistema PalmOS, o la función de Agregar y Quitar Programas que, en forma 
similar a Windows, permite sumar o restar gran cantidad de aplicaciones, 
algunas de ellas muy especializadas.

En resumen, ¿es actualmente Ubuntu una alternativa real a Windows? La 
respuesta es sí, pues una vez configurado -lo que no cuesta mucho- es 
capaz de realizar cualquiera de las tareas comunes que exigimos a un 
computador.

Si nuestra idea de computación apunta a la productividad, a través de 
texto, planillas de cálculo, presentaciones, multimedia, correo 
electrónico y comunicación por Internet, no extrañaremos nada de lo que 
nos proporciona el sistema operativo de Microsoft, con la ventaja 
adicional de no preocuparnos por virus, spyware y otras alimañas.

Pero si estamos anclados a aplicaciones específicas que aún no están 
disponibles para Linux, con alternativas que no nos resultan 
satisfactorias, o con gran cantidad de archivos en formatos específicos, 
será mejor esperar un tiempo a que se limen los programas de compatibilidad.

Ello, porque ni siquiera Ubuntu ha sido capaz de solucionar el problema 
de la instalación de aplicaciones, algo de lo cual vimos en la 
adquisición de soporte para MP3: la gran mayoría de lo programas para 
Linux deben ser 'compilados' (construidos en base a código) antes de 
usarlos, procedimiento que no es apto para usuarios comunes de Windows, 
acostumbrados a la comodidad de un instalador.

El día que Linux cuente con un sistema de instalación común, Bill Gates 
debería comenzar a preocuparse... Mientras tanto, todos podemos 
beneficiarnos con la simplicidad inherente, de Ubuntu.


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